CAPITULO VII - UN NUEVO PARADIGMA

En el capítulo anterior, he planteado algunos de los problemas con los que se enfrenta el viejo paradigma de la Antropología Sociocultural, cuando intenta explicar un conjunto de fenómenos que se han ido presentando a los investigadores sociales durante las últimas décadas, entre los cuales sobresalen los procesos de urbanización en el Tercer Mundo. He señalado que los problemas explicativos y muchas de las incongruencias y contradicciones de los modelos convencionales se deben, desde mi punto de vista, a las características de los supuestos propios de dicho paradigma, así como al tipo de categorías que esos supuestos exigen construir. He señalado también que durante la última década han comenzado a construirse algunos modelos teóricos que, basados en un conjunto de supuestos distintos, parecen poseer mayor capacidad para explicar los datos disponibles. En ese sentido, creo que es conveniente sugerir que está emergiendo un nuevo paradigma en la Antropología Sociocultural. En este capítulo, comenzaré a discutir cuáles son los supuestos, conceptos y categorías sobre los cuales se está construyendo este nuevo paradigma. Revisaré algunas categorías fundamentales que ha empleado el paradigma clásico y cómo se han ido transformando estas categorías para conformar el nuevo paradigma.

En el paradigma clásico de la Antropología Sociocultural, se distingue básicamente dos tipos de entidades: la civilización moderna y las sociedades y culturas atrasadas o extrañas. Estas, a su vez, incluyen tres grandes tipos: primitivos, campesinos y marginales urbanos. La categoría central es que existe un extrañamiento básico, entre estos dos tipos de entidades, que están separadas entre sí y donde el destino de las culturas atrasadas es o bien desaparecer físicamente o bien ser atraídas por la civilización e integrarse, rompiendo las barreras que les impide cambiar. Foster (1973) dedicó un libro que ha tenido una fuerte influencia en otras áreas disciplinarias, así como sobre muchos planificadores y políticas de agencias, al estudio de las “barreras” que “obstaculizan los cambios” en las “sociedades tradicionales”, así como al rol de los antropólogos en la superación de esas barreras. Ahora bien, otra de las dificultades del paradigma clásico, que no he mencionado hasta ahora, pero que estaba implícita en todos los ejemplos que presenté antes, es que los hechos ponen seriamente en duda que se están produciendo procesos globales de desaparición de culturas locales. En cambio, en todo el planeta hay una multitud de entidades socioculturales que ni desaparecen ni son absorbidas por la civilización moderna.

Más aún, al mismo tiempo que numerosos sistemas socioculturales locales preexistentes resisten a su disolución en el sistema sociocultural global, permanentemente aparecen nuevos sistemas locales diferenciados dentro de la sociedad mayor. Así, han surgido los hippies, los punk, y otras entidades de jóvenes, grupos feministas y homosexuales, los yuppies, las comunidades virtuales, los hackers, sectas de todo tipo, nuevas prácticas religiosas ligadas muchas veces a formas de organización social y hasta político‑económica características. Incluso gran parte de las sociedades y culturas locales de aborígenes, campesinos y marginales urbanos con las que trabaja la antropología contemporánea son el producto de procesos relativamente recientes. Pero el viejo paradigma conserva todavía una gran capacidad de persuasión: y en el imaginario social, el antropólogo sigue siendo visto como el que trabaja con "los indios", es decir, con gente con una sociedad y cultura más semejante a formas prehistóricas que actuales, aunque realmente estemos trabajando con sistemas en su mayoría de formación reciente. Esto no quiere decir que no haya entidades socioculturales con continuidad desde la Prehistoria, pero al lado de ellas, existe un número siempre creciente de nuevas entidades socioculturales locales.

Intentando reacomodar el viejo paradigma a los nuevos hechos, algunos modelos teóricos sostienen que estas culturas “atrasadas” siguen existiendo como diferenciadas, pero con una relación de dependencia absoluta dentro de la civilización moderna: estos grupos locales dependerían para su existencia de la civilización moderna. Sin embargo, esto también puede ser visto exactamente al revés, en el sentido de que es la civilización moderna la que depende para su existencia de las culturas atrasadas; por ejemplo, tal como lo ha puesto en evidencia Rutledge (1987), la economía azucarera de Jujuy y Salta no podría haberse constituido como se constituyó a lo largo de la historia, sin la supervivencia de las comunidades rurales andinas. La industria de la construcción en toda la Argentina parece ser también altamente dependiente de los flujos de migrantes andinos y paraguayos. Es probable que una importante cantidad de componentes de lo que llamamos civilización moderna no existirían, si no fuera por la presencia de sistemas socioculturales diferenciados en su interior. Esta situación es más aguda en ciertas regiones del mundo, como la parte nuclear de la región andina, donde ciudades como Cochabamba no existirían en su forma actual sin estas culturas locales y regionales.

Entonces, este intento de reacomodar el viejo paradigma empieza a ser demasiado complicado, puesto que necesita explicar dos situaciones aparentemente opuestas: que por un lado las culturas dependen de la civilización y que por otro lado ésta depende de aquéllas. Así, necesita un gran alambicamiento y dispersión teórica para sostener su categoría fundamental, el extrañamiento. Necesita modelos teóricos según los cuales la Civilización y las culturas locales son extrañas entre sí y al mismo tiempo interdependientes. Hemos partido del extrañamiento. Tratar de acoplar los datos actualmente disponibles al paradigma del extrañamiento nos lleva a un modelo donde los extraños están articulados en relación de interdependencia con la civilización moderna.
Pero esto no es sostenible lógicamente: si los sistemas socioculturales tradicionales están articulados con la civilización moderna en relación de interdependencia ya no son extraños. El paradigma clásico ha perdido entonces su consistencia lógica interna. Entonces, necesitamos de un tipo de modelización distinta que implica, precisamente, concebir a toda la realidad sociocultural conformando un único sistema de relaciones. En este sistema de relaciones, lo que antes llamábamos sociedades y culturas tradicionales son componentes estructuralmente distintos que forman parte del sistema mayor. Esta es la base del nuevo paradigma, un paradigma en donde ya no tenemos una civilización moderna opuesta a las sociedades y culturas tradicionales.

Así, en el nuevo paradigma, los habitantes de Trobriand descriptos por Malinowski (1922) como primitivos, los habitantes de Tzintzuntzan descriptos por Foster (1967) como campesinos resistentes a los cambios, los marginales de las culturas de la pobreza, la organización social y la cultura de una escuela o de una de sus aulas, la subcultura de los homosexuales de una ciudad como Buenos Aires, la trama de relaciones sociales en el interior de una pequeña rama sindical, son todas entidades que pueden ser puestas en un mismo nivel de análisis: el de los sistemas socioculturales locales. Y todos estos sistemas locales interactúan con otro nivel estructural: el de las instituciones superordinadas. Es decir, que en el nuevo paradigma no hay típicos primitivos ‑como los indios‑, típicos campesinos, típicos pobres urbanos, no hay tales típicos en este paradigma: hay sistemas de organización local, cada uno de los cuales tiene su propia definición de identidad, es decir tiene su propio patrón cognitivo y simbólico, un ambiente definido, una forma de organización social y política característica, muchas veces tiene una economía propia; y donde todos estos componentes configuran la estrategia adaptativa del sistema.

Los sistemas socioculturales locales muchas veces se intersectan, de tal manera que un individuo puede pertenecer a dos o más sistemas socioculturales locales. Así, un mismo individuo puede ser miembro, simultáneamente, de una comunidad andina, de un barrio suburbano y de un grupo de trabajadores de la construcción en Buenos Aires. El trabajo de Swetnam (1981) sobre los ambidextros culturales, muestra cómo muchos miembros de comunidades indígenas de Guatemala, simultáneamente son parte del sistema sociocultural de los comerciantes de la ciudad La Antigua.

Los sistemas socioculturales locales, además de estar intersectados, también están articulados: es decir, intercambian energía e información. Pero no están articulados entre sí en forma arbitraria o indiscriminada: cada sistema sociocultural se articula con un pequeño grupo de otros sistemas socioculturales. Además, cada sistema sociocultural se articula con el núcleo de instituciones dominantes. Este núcleo de instituciones dominantes incluye a las instituciones políticas, como el Estado y los partidos, a las instituciones económicas dominantes ‑aquéllas que integran lo que se llama el sector formal de la economía, es decir aquellas instituciones económicas organizadas de acuerdo con las leyes del Estado‑, y a las instituciones del aparato ideológico, tales como las iglesias, la educación y los medios de comunicación social.

¿Qué ha pasado en esta transición donde se partió del paradigma clásico y donde, primero, se intentó reformularlo adecuándolo a los nuevos datos y, luego, al no poder ser reformulado en forma satisfactoria, se llegó a la formulación de un paradigma nuevo? (Fig. 18). Desde el punto de vista de las categorías, la principal novedad ha sido la incorporación de la categoría complejidad, que antes el discurso antropológico no aplicaba. En efecto, para la Antropología clásica, el objeto son o las culturas aisladas como tales y diferentes a nuestra civilización, o -cuando intenta reformular sus modelos para enfrentar la crisis de explicación- estas culturas aisladas como dominadas por nuestra civilización; pero siempre como culturas aisladas, no como partes de un sistema mayor, no como componentes que explican parcialmente la estructura, el funcionamiento y la dinámica del sistema mayor.

En cambio, en el nuevo paradigma, la diversidad de culturas locales es relevante para la explicación del sistema mayor. En el nuevo paradigma, la existencia de un gran conjunto diversificado de sistemas socioculturales locales es relevante para comprender lo que antes se llamaba civilización moderna. Ahora, para comprender a nuestra civilización, necesitamos comprender a los sistemas socioculturales locales; y no comprenderlos como un ejemplo de nuestro pasado, o como situaciones desviantes, que es lo que hacía la vieja Antropología. Hoy comprendemos a los sistemas locales como parte de nuestra civilización y como una parte que es necesario entender para entendernos a nosotros mismos.

Aparece entonces la categoría complejidad. Para el paradigma clásico de la antropología sociocultural, sólo existían como objeto los sistemas simples. Por un lado, no se prestaba atención teórica a la estructura de pertenencia de las sociedades simples a la sociedad mayor. Por otro lado, las culturas locales eran consideradas hacia adentro ‑vale decir, en su complejidad interior‑, pero no en las relaciones entre nuestra civilización y las culturas locales. En cambio, para el nuevo paradigma, las culturas locales son comprensibles solamente como parte de un sistema complejo, del cual nosotros formamos parte.

Pero, ¿qué es un sistema complejo? ¿Qué quiere decir simple y complejo? Simple y complejo no son categorías absolutas, son categorías relativas y por eso son difíciles de comprender. Voy a empezar dando ejemplos tomados de otros campos disciplinarios, porque las categorías de simple y complejo no surgen de la Ciencias Sociales; surgen más bien de las Ciencias Naturales. Si ustedes consideran una molécula orgánica, como por ejemplo una molécula de una proteína, considerada en sí misma, esta molécula es un ente complejo y est integrada por un conjunto de partes que son los átomos: los átomos constituyen sistemas simples con respecto al sistema complejo proteína.

Ahora consideremos uno de los átomos que forman esta molécula de proteína. Este átomo, que con respecto a la molécula es un sistema simple, si lo aislamos de la molécula, pasa a ser un sistema complejo, formado a su vez por un conjunto de sistemas simples que se llaman partículas subatómicas. Es decir que, considerado hacia adentro, el átomo es un sistema complejo, formado por un conjunto de partes ‑protones, neutrones, electrones‑ que, con respecto al átomo, constituyen sistemas simples; en cambio, si lo consideramos hacia afuera, el átomo constituye un sistema simple, porque es un componente de un sistema mayor que es la molécula. Por su parte, de la molécula dije antes que es un sistema complejo. Sin embargo, si consideramos esta molécula de proteína como parte de un organismo, como por ejemplo un ser humano, este ser humano debe ser considerado entonces como un sistema complejo integrado por un conjunto de partes simples que las moléculas orgánicas.

Ahora consideremos mi organismo como parte del sistema “esta aula”, que está integrado por otros organismos ‑los de los alumnos‑, y un conjunto de componentes físicos ‑pizarrón, tizas, sillas, borrador, etc.‑. También forman parte también de este sistema las ideas, los valores organizadores, el tipo de percepciones que compartimos y las que no compartimos. Entonces, mi organismo pasa a ser un sistema simple de un sistema complejo mayor que es el sistema sociocultural “esta aula”. Este, a su vez, si lo consideramos como parte de la ciudad de Jujuy, se convierte en una sistema simple dentro de un sistema complejo mayor. Las categorías de simple y complejo son entonces categorías relacionales; es decir que se aplican siempre a un par de objetos relacionados entre sí. Y donde, además, estos dos objetos están ubicados en la peculiar relación estructural de ser uno parte del otro. En la Antropología Sociocultural contemporánea se tiende a utilizar cada vez más, como nivel de análisis referencial, a la sociedad compleja mayor, que raramente aparecía como componente analítico en las explicaciones y descripciones producidas en el marco del viejo paradigma.

La complejidad de un sistema sociocultural no depende del tamaño de su territorio ni del de su población. Por ejemplo, si se considera a las sociedades nacionales como sociedades complejas, tenemos el ejemplo de Bélgica, un país pequeño con una población también pequeña ‑unos diez millones de habitantes‑. Sin embargo, dentro de Bélgica, pese a su pequeñez, hay tres grandes unidades sub-culturales muy diferenciadas, que se caracterizan por poseer una identidad muy marcada que incluye una clara percepción de las diferencias, lenguas distintas, así como simbolismos propios. Estas grandes unidades sub-culturales son los flamencos, los valones y los germanos, quienes están tan diferenciadas que para resolver sus conflictos en el interior de la sociedad compleja nacional se han dado a sí mismas organizaciones políticas propias. Todo eso en un muy pequeño país de diez millones de habitantes. Entonces, el tamaño no es un buen parámetro para demarcar la inclusión de una sociedad dentro de las categorías simple y complejo. En cambio, un buen parámetro de demarcación es la presencia o ausencia, dentro del sistema, de relaciones estructurales entre entidades socioculturales que se pueden diferenciar claramente.

Yo creo entonces que el problema que se había planteado en capítulos anteriores al tratar de definir al primitivo, al campesino, al marginal urbano, se empieza a resolver. Los problemas básicos que ha intentado resolver la explicación teórica en antropología sociocultural son, como en toda ciencia, los de delimitar claramente su objeto y establecer distinciones dentro del mismo. Entonces, a la antropología le aparecieron problemas tales como distinguir entre un primitivo y un campesino, o, más recientemente, entre campesinos típicos y campesinos urbanos como los de Cochabamba. Nuestro principal problema, desde la perspectiva sociocultural, es distinguir sistemas socioculturales y para distinguirlos, podemos emplear dos pasos metodológicos: el primero es establecer el campo de interacción que existe entre este sistema sociocultural local y otros sistemas socioculturales locales; el segundo es definir al campo de interacción que existe entre este sistema sociocultural local y el núcleo de instituciones dominantes. El antropólogo o cualquier profesional que utiliza la perspectiva sociocultural, debe dar, al comienzo de su tarea, estos dos pasos, que le permitirán delimitar el sistema con el cual se va a trabajar.

Una vez delimitado el sistema sociocultural de trabajo, el profesional empieza a trabajar sobre ciertos aspectos, sobre ciertos subsistemas, en los cuales se va a focalizar la investigación. Entonces, puede empezar por los recursos naturales usados por el sistema local, o por la tecnología que emplea este sistema, tanto para aprovechar los recursos naturales como para interactuar con otros sistemas socioculturales. El estudio puede también focalizar el ambiente de este sistema sociocultural, su economía, su organización social, incluyendo o no los lazos de parentesco que han sido objeto de una buena parte de los estudios clásicos de la antropología sociocultural, sus patrones cognitivos y simbólicos. Además, el estudio de aspectos o subsistemas del sistema local es también importante para perfeccionar el primer modelo de delimitación del sistema.

Pero el antropólogo también puede escapar un poco de la perspectiva sociocultural típicamente antropológica, y pasar a aplicar la perspectiva más típica de las otras Ciencias Sociales que, como hemos visto, enfocan preferentemente a los sistemas complejos mayores. Entonces, se interesará muy especialmente en el campo de interacción entre este sistema sociocultural simple y el núcleo de instituciones dominantes. En ese caso, el antropólogo necesitará aplicar las herramientas teóricas construidas por las otras Ciencias Sociales: Sociología, Economía Política, Ciencia Política, Historia. Allí, será necesario un buen conocimiento de qué tipos de instituciones políticas del sistema mayor son relevantes para la estructura, funcionamiento y dinámica de mi sistema sociocultural de trabajo; información y modelización acerca de cómo es la estructura de clases en el interior de las instituciones dominantes; información acerca de qué tipos de instituciones del núcleo dominante en el campo ideológico y del flujo de información son importantes para la estructura, funcionamiento y dinámica del sistema local, tales como las escuelas, las iglesias y los medios masivos de comunicación social. Para la comprensión del sistema local sobre el que estoy trabajando, me puede también interesar su historia, para lo cual voy a tener que emplear herramientas combinadas de trabajo; voy a tener que trabajar con la historia oral, a través de las entrevistas personales, de las historias de vidas personalizadas; pero también puedo necesitar recurrir a fuentes escritas que están en repositorios documentales, tales como archivos, bibliotecas y colecciones privadas.

Por otra parte, es posible que lo que me interesa sea algún aspecto específico del sistema con el cual estoy trabajando. Así como puedo interesarme por todo el sistema local, también puedo interesarme en algunos aspectos de ese sistema local. Entonces, como núcleo de investigación me puede interesar la estrategia adaptativa, la organización social y los lazos de parentesco, la tecnología, las prácticas de salud, las prácticas auto-educativas en el interior del grupo. Pero también me puede interesar, en lugar de un sistema como tal o de algunos aspectos de este sistema local como tal, determinados tipos de aspectos comunes a varios sistemas locales; por ejemplo me pueden interesar las prácticas médicas en el interior de los sistemas locales: entonces, voy a estar planteando un trabajo sobre Antropología Médica general o teórica. Me pueden interesar las prácticas religiosas en el interior de sistemas locales: es decir, me va interesar la religión popular. Y, usando el caso de la religión popular, voy a tener que tratar tanto con los componentes de la religión propios y que definen a la identidad interior de este sistema, como con los componentes de religiosidad que articulan este sistema local con otros y también con los componentes de religiosidad que vinculan a este sistema local con las instituciones dominantes. Así, para el ejemplo considerado, va a ser necesario tener en cuanta: (1) la religiosidad popular local; (2) las articulaciones entre la religiosidad popular local y la de otros sistemas locales, como ser fiestas y procesiones regionales, así como creencias compartidas; (3) las articulaciones entre la religiosidad popular local y las instituciones religiosas dominantes de la sociedad mayor.

O sea que, a partir de la redefinición de la problemática antropológica, podemos generar toda una gama de problemas de investigación. El nuevo paradigma implica una reformulación completa de la estrategia de investigación.

Un antropólogo, como cualquier otro científico, parte de un paradigma, lo sepa o no lo sepa, lo admita o no lo admita. Ese paradigma y las variantes de ese paradigma están completamente teñidos de la ideología propia del antropólogo y de la ideología propia de la sociedad y del sector social de los que forma parte. Más aún, toda la historia personal del antropólogo, su posicionamiento a lo largo de los procesos históricos en que participa y ha participado, determinan directa o indirectamente su posición paradigmática y la forma en que aplica ésta a la construcción de modelos y teorías. Hay entonces tantos elementos que juegan en las decisiones personales de la investigación como factores estructurales y pasos en su historia personal que afectan a la vida del investigador. Ciertos factores estructurales y experiencias históricas son comunes a todos los antropólogos, porque ningún antropólogo hace antropología en el aire. Para hacer antropología hay que tener un cliente que pague y habitualmente éste es un Estado nacional o un organismo internacional, o bien una organización no gubernamental ligada a determinado tipo de ideas y posiciones en la sociedad.

En el nuevo paradigma hemos necesitado comenzar a reformular nuestra estrategia de investigación. La estamos reformulando en términos de pasos sucesivos, metodológicos, también la reformulamos en términos de modelo de trabajo antropológico: los grandes campos de acción, que, básicamente, son dos (Fig. 19). El primer campo de acción del antropólogo sociocultural desde la perspectiva del nuevo paradigma, es el trabajo en los sistemas socioculturales locales, con lo cual se continúa en cierto modo la tradición mas clásica de la antropología. Entonces, los sistemas socioculturales locales constituyen el primer gran campo de acción de la perspectiva sociocultural: un campo de acción donde se puede llevar adelante investigación básica, aplicada y desarrollo, en distintas combinaciones.

El segundo campo de acción de la perspectiva antropológica es un campo que, en lugar de estar localizado en una parte del sistema sociocultural complejo, está localizado en el sistema mayor. En lugar de estar localizado en un componente particular o en un grupo de componentes particulares o en algún aspecto de ciertos componentes particulares, se localiza –aunque ello parezca un poco paradojal- en la globalidad. Hay antropólogos que focalizan su estrategia de investigación en los sistemas locales y hay otros antropólogos que la focalizan en el sistema complejo. Las dos situaciones son válidas y útiles. La perspectiva antropológica se interesa en la diversidad de sistemas locales que forman parte de un sistema sociocultural complejo, y en sus interacciones con las instituciones dominantes. Esta es una perspectiva con dos caras, que generan los dos campos de interés propuestos más arriba. Estos dos campos generan también un espacio muy amplio para el trabajo del antropólogo y para la aplicación de la perspectiva antropológica en la planificación, en organismos del gobierno, en partidos políticos y en todo tipo de instituciones.

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El menor de los cuatro hijos de Benito Rabey y Dora Loyber, nací el 2 de abril de 1949. Trabajé desde los 16 años: asistente en un estudio jurídico (1966-1967), gerente de un grupo de industrias culturales –Manal, Mandioca, Mano Editora, Mambo Show- (1968-1970); artesano (1971-1972). Estudié Antropología en la Universidad de Buenos Aires (1972-1976); he sido docente e investigador universitario -desde ayudante de segunda hasta profesor titular, en diversas Universidades de Argentina y del extranjero, profesor de cursos de postgrado sobre ecología humana, evolución, multiculturalismo y estudios latinoamericanos, investigador científico , consultor en proyectos de organizaciones internacionales, nacionales, empresariales y sin fines de lucro. Formación Postdoctoral: Universidad de Texas en Austin - Comisión Fulbright (1990). Padre de cinco hijos: Pablo (34), Eva (32), Adriana (28), Lucía (26) y Nahuel (12).